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martes, mayo 13, 2008

Un viaje para recordar (Parte II)

Vergüenza tendría que darme no haber continuado esto en su día, pero ya he comentado las razones previamente y no me apetece seguir alimentando al circulito viciosón, que nos conocemos.

En la primera parte, comenté mis vivencias interpretativas, y mis ratos pasados con mi querida anfitriona, mi hermosa Reina de Hielo.

Bien, esta continuación será mucho más corta que el mensaje anterior, puesto que los recuerdos han ido desdibujándose un poco con el paso de los días.

Qué cosas aún quedan en mi memoria?

Mi visita al Jardín Botánico (que, lo siento mucho, pero en mi humilde opinión está algo descuidado, y la sección de la "Huerta", podría ser mucho más vistosa) estuvo bastante bien. Todos los paseos extra que estuvimos dando, de idas y venidas por Madrid... no tienen precio, incluida una de las zonas pijas, que apestaba a Nobleza rancia por todos los costados: mucho glamour y muchos billetes morados habrá por ahí, pero una de dos, o a los servicios de limpieza se les caen los anillos (que puede ser, todo se contagia menos la hermosura), o es que ahí no se cuida tanto la higiene, porque una parte de la calle por la que pasamos (no recuerdo el nombre) olía a excrementos y meadas caninas que echaban para atrás. Y ya se sabe, por mucho que ahora me vista de humano, mis sentidos siguen estango algo más desarrollados que los vuestros, monos escasamente evolucionados, incluído el del olfato.

También recuerdo haber deambulado por la Casa de la Moneda, donde una señora que tenía todo el aspecto de que a su vibrador íntimo se le habían acabado las pilas la noche anterior en plena faena, nos recibió de una manera no muy grata. Gracias a mi acompañante (o por su culpa, más bien), me refrené, en lugar de permitirme una transformación parcial y dejarla a la señora en su sitio, balbuceante, y sus sesos reducidos a gelatina, y con una reclamación en el libro de visitas. De todas maneras, la visita fue bastante grata, y pude ver parte de la Historia de vuestra raza inferior plasmada en los metales, papeles, y objetos varios, con los que habéis comerciado durante estos dos o tres escasos milenios.

La visita a la cripta de la catedral de la Almudena también fue interesante, a pesar de encontrarme también con otro personaje, esta vez en forma de guarda antipático (al que le hubiese arrancado los intestinos gustosamente, de no ser por encontrarme en recinto sagrado) que echaba casi a patadas a los visitantes por ser de nuevo hora de misa (¿los curas no descansan entre una y otra?). Unido a ello, visité el Jardín Real del Campo del Moro, mucho más cuidado que el botánico, y más esplendoroso (con patos incluidos). Interesante de ver, y de pasar ahí ratos largos (lástima de falta de tiempo).

Y queda la Joya de la Corona: La exposición de "Bodies". Anatomía con cadáveres humanos reales plastificados. Muy interesante e instructivo. No entraré en pormenores para no revolver estómagos excesivamente sensibles, pero sí señalaré que, a la vista de una pierna de la exposición, intenté no comer mucho jamón serrano en unas semanas.

Obviamente, no todo fueron visitas y paseos. También hubo muchas charlas, abrazos, y trato con humanos. Cosas que echo de menos cuando estoy aquí. Pero así es la vida. Aún no puedo tener todo. Tiempo al tiempo.

Y eso fue mi visita a la capital, a grandes rasgos. Unos cuantos recuerdos, bastantes buenos momentos, y unos pocos humanos a los que me gustaría ver mucho más a menudo.

martes, abril 22, 2008

Un viaje para recordar (Parte I)

Más de una semana ha pasado desde mi último mensaje, y desde mi visita al centro peninsular.

En viajes anteriores he ido más que nada para ver a la gente, y para descansar, cambiar de la rutina... cosas que siempre vienen bien, y aunque quedaba más o menos satisfecho... me volvía hacia mis verdes tierras con la sensación de que podría haber sido algo más.

Lo reconozco, soy una persona insaciable, y siempre quiero más, tenga lo que tenga. Sin embargo, no es éste el caso, puesto que, realmente, siempre quiero hacer más actividades, además de pasarme media mañana y media tarde dormitando, salir a dar una vuelta, y salir de fiesta a la noche.

En cambio, este viaje a la capital sí ha merecido la pena. En todos los aspectos. He echado de menos tener más tiempo para estar con mi Reina de Hielo, la hermosa doncella criadora de perros de caza, y mis queridos anfitriones, cómo no, con quienes he podido compartir muchos buenos momentos durante mi estancia.

Todo comenzó el jueves, contando los minutos para poder ir a comer. Después de eso, fue coger el microbús (aka tranvía por el regimiento), el metro... y llegar a la estación de autobuses, donde unas revistas elegidas para la ocasión, me amenizaron la espera del autobús... hasta que finalmente partimos.

Malditos sean los hados, pues el autobús tuvo un accidente a poco más de medio camino. Más de 90 minutos parados, esperando a que alguien nos viniera a recoger. Tuve ganas de poner una reclamación al llegar, no por el trato, que fue muy bueno, por parte del conductor, sino por la dejadez de las altas esferas de la compañía de buses por no mandar otro de inmediato, o algo después, para recogernos, puesto que llegamos un cuarto de hora escaso antes que el autobús que partía desde mi ciudad dos horas más tarde.

Aceleramos la parte de abrazos, conversaciones, etc hasta situarnos al viernes a la hora de comer.

A esa hora había quedado con la Reina de Hielo (intentaré evitar esa referencia mental al capítulo de Historia de Amor, del inigualable Cálico Electrónico).

Fuimos a Somosaguas, me presentó a sus amigos de la secta de los dadillos, ingerí alimentos, y pasé una tarde muy tranquila rondando los pasillos de la facultad, con mis pequeños problemas de espalda (maldito sea este cuerpo humano, que en ocasiones falla. Me da que al final tendré que hacer caso a esos matasanos humanos e intentar fortalecerlo con ejercicio, puesto que mis artes místicas parece que en lugar de fortalecerlo, lo empeoran).

Al grano... tuve que interpretar mi papel de humano que interpreta ser un vampiro de la Camarilla que a su vez interpreta un papel al estar infiltrado dentro del Sabbat. Algo así como los planes dentro de los planes de los planes. Conseguí mi objetivo, enterarme de los planes de los Gangrel del Sabbat, y por pura casualidad... establecí vínculos con un Baali que intentaba vincular por medio de rituales a un grupo de sanguijuelas. Sublime. Afortunadamente, nadie descubrió ninguna de las tapaderas, y en cuanto me despedí de ellos, aún nadie había descubierto mi sublime interpretación de humano.

Lástima no haber estado más rato con Hellen, ni con Mery. Maldita sea mi columna vertebral, y esa dichosa huelga de autobuses, que nos hizo separarnos antes de tiempo.

Y lo dejo aquí, que tengo trabajillo que hacer.

jueves, abril 10, 2008

Espera, dichosa espera

Esperar es malo.

Puede ser algo agradable, y muy bonito, ir contando las horas, minutos, y segundos, hasta que al final llega. Se suman la ilusión, las ganas, el buen humor... y parafraseando a la reina de hielo... "todo puede ser hermoso". Iba a poner mi, pero conociendo lo malpensados que sois los tres gatos que me leéis, prefiero no hacerlo, al menos, hasta tener el beneplácito de poder rendir pleitesía a tamaña dama. En ese momento, pondré el mi, a pesar de los lujuriosos y pecaminosos pensamientos de los contertulios. En fin, que me desvío...

Algún día tendré que pedir cuentas a dicha señorita, puesto que la expresión es, cómo expresarlo... ñoña de cojones. Pero ahí queda.

Sin embargo, a pesar de todo, las esperas pueden ser muy largas. Sigues contanndo horas, minutos, segundos, milisegundos, microsegundos, y nanosegundos, debido a que el estar sin tener nada mejor que hacer que leer cosas por Internet aburre, y, por si alguien no lo sabe, el aburrimiento es capaz de tornarse en un agujero negro subjetivo, alterando la continuidad del espacio-tiempo hasta tal punto en el que la mente despega una y otra vez, se aleja miles de kilómetros, para volver al mismo sitio, y comprobar con desesperación que no han pasado ni dos minutos desde la última mirada al reloj.

Pero va quedando menos... va quedando menos. Y poco a poco se va acercando el momento. La adrenalina vuelve a recorrer mi cuerpo mientras mi mente se vuelve a despegar momentáneamente en un viaje pseudo-onírico, a la espera de los próximos acontecimientos.

Esperemos, y deseemos, que todo sea como en la frase ñoña, cambiando corazoncitos y cosas rositas, azucaradas y malas para el colesterol, por sangre y vísceras, más propias de una criatura memoníaca como el aquí presente, aderezado con unas verduritas y algo de fruta, que hay que cuidarse en salud y comer hierba es sano, leñe.

Y todo... en las próximas horas.

Y como comentario ajeno al post, aunque parezca que hablo de ello en todo este desvarío... Jo, tengo hambre, y aún quedan 15 minutos para que abra el comedor.

martes, marzo 25, 2008

Feliz Navidad... ¿en Marzo?

Ho Ho Ho... Felices... todos, como diría el gran Homer, fuente de gran sabiduría popular.

Al final estuve en el pueblo con los señores, y creo que, tras la gran charla que tuvo lugar durante gran parte del trayecto, las cosas no fueron tan mal. Creo que se tocaron casi todos los temas concernientes, y pude desahogarme a gusto, más que nada, porque ninguno tenía escapatoria (aunque en cualquier momento podía haber echado el freno y salir corriendo por la carretera, o haberles abandonado en alguna gasolinera... es curioso, ahora mismo no me parece tan mala idea). Así que... de perdidos al río.

Espero que la dichosa charla suponga un punto de inflexión, y los asuntos familiares vayan a mejor poco a poco, porque con el agobio que tengo por el proyecto, si en casa no hay muy buen ambiente, voy a acabar por reventar.

La estancia tampoco estuvo mal. No hubo problemas por el hecho de que acaparara la Wii casi todo el día (la dichosa antena no funciona bien desde que alguien estuvo mangoneando en el tejado, al parecer, algunos ex-vecinos de nacionalidad extranjera, por usar un término políticamente correcto). Estuve mirando algo de documentación para el proyecto (pero poca, poca). Jugué a la Wii con un amigo de la cuadrilla al Wii Sports al que dí una paliza a los bolos (lástima de tener solamente un mando), y el sábado a la noche celebramos entre unos cuantos el cumpleaños de otro (u otros, no sé si eran dos o tres), jugando al Party & co, y adquiriendo sabiduría popular de esta experiencia, como que, al parecer, la marca de ketchup no es Heinz, sino Sainz, que es el Pozi quien tiene ovejitas, y no Carmen Sevilla, que un cañón y un coche a reacción son sospechosamente parecidos, y que, por convenio, las palabras jefe, corbata, y ordenador, sugieren sexo (amén a esto último).

Pero el título del post no viene a cuento sin mencionar el viaje de vuelta. Nieve. Durante dos horas ví nevar (menos mal que no era yo quien cogía el volante). La nieve cuajaba en la carretera, y dejaba un manto blanco que daba algo de bastante respeto, sobre todo a la hora de subir y bajar los puertos. De todas maneras, la estampa navideña era preciosa. Pasar de noche por pueblos con los tejados y la vegetación cubiertos de algodón daba una sensación de paz muy agradable.

Lástima de cámara de fotos. Por una vez, hubiera merecido la pena llevarla.

sábado, octubre 20, 2007

Vacaciones 2007 (Segunda Parte: Away in Palencia)

Mini-entrada que escribo ahora para poneros al día de mi segunda parte de las vacaciones.

Palencia.

No, no es la capital de la provincia, pero bueno, hay que mantener algo de privacidad en Internet, aunque los pocos lectores que haya me conocen más que de sobra, pero ya se sabe: "No hay que fiarse ni de la propia sombra".

Años ha que no iba allí, sin exagerar. Salvo para una boda, y Todos los Santos... hacía mucho que no pasaba unos pocos días desconectado del mundo exterior (al menos ahora hay cobertura para los móviles), en un pueblo casi perdido, casi deshabitado, y en el que pude descansar y relajarme como no había hecho en mucho tiempo, y dormir como un bebé. Pude actualizar mis libros de lectura, entretenerme dando paseos cortos por el pueblo, y disfrutar de un ambiente de sosegada calma en un sitio que me trae unos cuantos recuerdos buenos.

Mereció la pena, a pesar de echar de menos a mis abuelos, y me ayudó para ponerme las pilas para lo que venía después.

miércoles, octubre 03, 2007

Vacaciones 2007 (Primera Parte: Madriles)

Cómo comenzar a relatas mis peripecias estas vacaciones. Demasiado lejos quedan ya, y mi memoria no es lo que era, que he pasado por otro periodo de exámenes, y los que me conocéis bien sabéis perfectamente que mi memoria se resiente mucho tras una temporada de estrés.

Creo que lo primero de todo fue mi visita a Madrid, a volver a establecer contacto con esas gentes, gentuzas, y gentucillas que por allí pululan, y pasar unos días en compañía de unos cuantos amigos, debiendo, eso sí, observar los esperpentos, extravagancias, personajes, personajillos, y gentes variopintas de los diversos grupos sociales y tribus urbanas que forman la amalgama de la población madrileña. Y por mucho que parezca que salí asustado de allí... quiero volver, antes o después, a pasar por allí otros días. Unos cuantos recuerdos me traje de allí, y unos lazos de amistad más fuertes con aquellos con quienes pasé unos ratos. A resaltar... el sorbete de mango con Mery, las tiendas frikis, la Wii de Carlos (esté donde esté... a ver si da señales de vida, que joñe, se le echa de menos), el God of War II de mis anfitriones, Behi, y las charlas y demás interacciones sociales que mantienen los seres humanos entre sí, un batiburrillo que se echa bastante de menos.

En unas semanas volveré a esa ciudad fea, envejecida, con un montón de carreteras, muchos atascos, y demasiadas personas ocupando las calles (lo siento, madrileños, pero Bilbao es mucho más bonito aunque, por desgracia, le falten las tres cuartas partes de las cosas que tiene "la capi"), pero que me ha acabado gustando, y la que, antes o después, me da que acabaré llamando hogar (brrrrrr, escalofríos).