Aún no he empezado a redactar nada en el blog de relatos, y Blogger ya me ha dicho que posiblemente mi blog sea spam, y que infrinja las condiciones de uso, así que he tenido que enviar un miniformulario para que me desbloqueen el blog.
Pues sí que empezamos bien.
Por ahora estos días estoy de un vago que hasta me da pereza vaguear. Eso sí, he comenzado a leer cosillas para mis futuros relatos. Sobre todo algunas cosas de vampiros de Warhammer. Puede ser un poco chorra, teniendo en cuenta lo poco que está trabajado el universo de Warhammer, que sí, que puede que ahora lo estén dejando algo mejor, no digo lo contrario. Sin embargo, cuando partes de algo muy simple, y vas añadiendo parches, puede quedar algo más o menos bonito, pero parcheado, sobre todo la historia de los Dioses del Kaos, y el origen del mundo, y temas similares, que los lees y relees y te quedas con la sensación de pobreza.
Sin embargo, la parte relativa a la de los no-muertos me fascinó desde el principio. Toda la historia referente a Nagash, y sobre todo, la de Sylvania, me encantó. De hecho, he seguido todas las ediciones desde la primera que compré cuando tenía diecisiete años mortales (cómo va pasando el tiempo), en las que he visto cómo la ambientación quedaba progresivamente más al margen, lo que no quita para que sea capaz de volver a comprarme el manual que va a salir en castellano próximamente, si no lo ha hecho ya.
De todas maneras, que me desvío, es hojear todo lo referente a los Von Carstein, y trasladar mi mente a pequeños pueblos medievales, atrasados, aislados, con los peligros de las hambrunas, la peste, y las bestias que se ocultan en la noche. Supersticiones, miedos a la oscuridad, habladurías, rumores, y temores a la aristocracia que los gobierna con mano de hierro. Puede ser más o menos extravagante, pero es algo que me atrae. Por eso en su día me gustaba Ravenloft, aunque bien es cierto que en multitud de ocasiones se eliminaba la amenaza velada de la oscuridad por tramas más fantásticas, que podían deslucir las historias en mayor o menor medida. Aunque ese tono tenebroso siempre persistía, y es con lo que me quedo.